Sus orígenes
La teoría del contraste no es del todo nueva: los artistas siempre han evaluado inconscientemente el equilibrio entre luz y oscuridad. Lo novedoso es que se presenta y explica de forma intuitiva en línea. En resumen, sigue un enfoque personalizado en lugar de una solución universal.
La teoría del maquillaje de contraste consiste en medir la diferencia visual entre el color del pelo, las cejas y la profundidad de los ojos, y luego elegir un maquillaje que armonice con el contraste (bajo contraste) o lo amplifique (alto contraste).
Una vez que conozcas el contraste de tu rostro, puedes experimentar añadiendo más o restándole algo de variedad mediante el maquillaje. No hay una forma correcta o incorrecta de hacerlo; se trata de experimentar y probar cosas nuevas para encontrar looks que te gusten y que favorezcan tus rasgos.
Para el maquillaje de bajo contraste usa tonos similares para lograr un aspecto suave y natural, mientras que el de contraste medio emplea tonos complementarios que realzan los rasgos sin sobrecargarlos.
El de alto contraste utiliza diferencias acentuadas entre tonos claros y oscuros para lograr un efecto dramático que acentúa con fuerza los rasgos faciales.
En última instancia, cada nivel de contraste refleja diferentes estados de ánimo y estilos, lo que permite una expresión versátil en el arte del maquillaje.
El mayor error, según los expertos, es tratar la teoría del contraste como un manual en lugar de una guía.
Aplicar la teoría de forma demasiado literal e ignorar el estilo personal, el tipo de piel y la ocasión contradice su propósito. De igual manera, ignorar los matices e imitar a alguien con un contraste natural diferente es contraproducente.
El maquillaje debe ser coherente, personalizado y llevable, no una fórmula estricta. Su objetivo es experimentar con tus rasgos actuales subiendo o bajando el dial de contraste para encontrar lo que mejor te funcione. ¿Y lo mejor? Siempre puedes probar algo nuevo mañana.




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